Cuenta Cuento

June 1, 2012 at 2:23pm

May 30, 2012 at 12:10pm

Tengo una mala relación con el olvido.

May 29, 2012 at 10:45am

8:51am

Y por estas cosas, ahora quiero una serie de cosas.

1. Despertarme con la mañana. Esto significa para mi, 7 am. Para escribir aquí un ratito, o para leer en otra parte. O para pensar debajo de la cama. Pero un ratito con luz. 

2. Quitarme la depresión del Pilates y regresar la próxima semana. Intercalarlo con ésto. 

⌇⌇⌇ Continuará. 

8:46am

No recuerdo más por ahora. (29-05-2012)

Era en una casa.

Había una situación.

Estaba Tania. 

Homero caminaba por la Condesa. 

La casa tenía azulejos blancos.

Hablaba con Homero por teléfono.

Lo que sí pasó es que la alarma del teléfono me despertó, y al querer apagarla me di cuenta que hacía el gesto de hablar por teléfono con el pulgar y el meñique. Oops.

8:37am

Y mientras lo contaba en análisis

lo que no le dije a Marta,

es que hay algo de este sueño con uno anterior, que no para de evocarse mientras pienso en éste. 

En particular una escena, de mi padre usando mi bata -la cual le quedaba un poco… chica- acercándose al coche estacionado en su casa donde yo estaba en el asiento del piloto y mi analista en el copiloto, para decirme algo. ¿O era preguntarme?

Este sueño era sobre cómo llegaba tarde a análisis y todas las puertas estaban cerradas. Ocurrió en Mexicali. 

Yo me tenía que ir. Así que no recuerdo. 

8:33am

Ayer soñé (28-05-2012)

Ayer, por ejemplo,

Soñé una pequeña pesadilla. En el aeropuerto de Minnessota, trataba de burlar la revisión de seguridad. Esto porque ya iba tarde. Me cacharon, por supuesto. Yo tenía un pequeño maletín negro, que era lo que me faltaba subir al avión. Lo empiezan a revisar y de pronto recuerdo que había droga, “1 tacha.” La ven, así que intento burlar al chico que me revisaba (negro, jóven, como rapero), diciéndole que no eran tachas, que era Melatonin. Se ríe de lo mucho que no me cree. Ya se me iba a empezar a complicar la historia, así que abro los ojos. 

Al mismo tiempo que los voy abriendo voy pensando, qué bien que te puedes levantar de las pesadillas, para salirte de ellas, Daniela Dormida.

Y regreso a dormir. 

Esta vez estaba muerta, pero mi condición no me impedía ir a comidas familiares (y a conciertos de Hombres G). Estabamos entrando a un coreano cuando mi mamá me pregunta ¿y qué tal, Daniela? ¿De qué se trata estar muerta? ¿Cómo te va con todo eso? 

Y le digo, “Pues bien, má.” Le explico que mi experiencia de estar muerta es mucho de no parar de soñar. “Por ejemplo, ahorita antes de estar aquí soñaba que estaba en el aeropuerto de Minnesota.” y le cuento de qué iba ese. “Pero entre el sueño y estar con ustedes, no tengo idea qué pasa. Eso sí es como estar muerta”, le explico. “Es el olvido completo.” 

“Bueno, pues, ahora escoge tú”. Se refería al menú. Y pasamos a sentarnos. 

May 21, 2012 at 10:27pm

Ganas de.

Cuántas veces no he reabierto un cajón, desconocido los contenidos, me los he desapropiado para reocuparlos de nuevo. Hello, tumblr. 

July 4, 2010 at 9:00pm

Llegar a tiempo para el entierro.

En la Sierra Tarahumara habitan, dispersísimos, los rarámuris. Son una comunidad muy religiosa que practica sus creencias al margen de la iglesia. Hay un Dios y un Diablo, Repá betamé y Reré betamé -el que vive arriba y el que vive abajo. Dios creó a los rarámuris y el diablo a los chabochis -los no rarámuris, los que tienen telarañas en la cara. Hoy, su Dios principal es Onorúame -una fusión de Cristo y su dios. Unos viven en cuevas, las mujeres trenzan el pino y los hombres bajan a la pizca de manzana en Ciudad Cuahutémoc o a la de jitomate en Sinaloa, según la temporada. Tienen su alcohol fermentado a base de maíz, el tesgüino, con el que acompañan todas sus fiestas. A 22 km de Creel, después de un viaje en tren con bar, visitar cascadas y brincar en camionetas por terracería, llegas a la Misión de Cuzarare, en el Municipio de Guachochi. 

El evangelizador provocó los cambios más importantes en la estructura, relaciones y cosmovisiones de los indios. En la Sierra Tarahumara fueron los jesuitas los primeros transculturizadores. A través de las misiones trataron de concentrar a los indios, que vivían dispersos, en pueblos donde se les bautizaba y se les inculcaba la doctrina cristiana. A ver si se les occidentalizaban.

La historia se pone buena cuando el mestizo, católico -mexicano, pues- sigue vistiéndose igual que los evangelizadores del siglo XVIII y camina con su túnica blanca delante de los rarámuris que ahora usan pantalones de mezclilla y comen sopas Maruchan. Y lo siguen. Y todo huele a humo.

Puedes pasar horas desplazándote hacia los puntos más remotos de un cañón de la región de los tarahumara, tomar curvas cerradas sobre terracerías que se desmoronan, salir directamente a precipicios, hasta que la camioneta llega a la ultima parada, el humo sale de chimeneas y el sonido de los tambores ceremoniales re-bo-tan. En los caminos Misceláneas y Artesanías. Llegábamos a una Misión Jesuita en Cuzárare, construida en 1744. Doscientos sesenta y seis años después, apenas llegábamos a tiempo.

No sé distinguir si la nave de la Misión en la que estábamos era ovalada, rectangular o en forma de cruz. Era una de estas posibilidades, todas con el fondo azul cielo y olor a adobe frío: 

              

“Era algo así”:

Las paredes estaban frías, con pinturas geométricas que inventaron el color marrón. Claro que el piso rechinaba. Las bancas siguen reservadas para cuando los señores del Virrey anden por ahí. De pronto una calaverita antes de llegar a un Jesucristo.

        

En el centro del ¿altar? había una cajita de 1.10 x 45, color negro ataúd. Adentro de la cajita había un niño, figuramos. Si no, un viejo muy chiquito. Un rarámuri, muerto. Entonces, en otro orden: muerte, rarámuri, cajita, Misión, Sierra Tarahumara. O mejor, en francés, un muerto adentro de adentro de la que se encuentra metida en la Sierra. 

     


Al ataúd lo rodeaban dos señores morenos y un blanco, católico y evangelizador -con telarañas en la cara. Él los dirigiría, a éstos dos señores, a veinte más y a todas las mujeres del pueblo (rosa, turquesa y verde limón) a caminar en círculos alrededor de la iglesia antes de enterrarlo. Luego él los seguía a ellos, que ya sabían cómo era andar en círculo. Unos lo cargarían, los demás harían la música que rebota -en sus tambores de chivo y pino y sierra y precipicio. Al panteón solo continúan las mujeres, los niños, los dos morenos que cargan el ataúd y el padrecito.

Los hombres se quedan haciendo la música, a lo lejecitos. Con sombreros de guajolote en la cabeza. Verde, Naranja, Amarrillo. Y rebote. Ahí lo entierran, rodeado de rosas, turquesas y limones. De sus botas, sus maruchans, sus guajolotes y sus Tecate. Es una puesta en escena con dedicatoria especial para el padrecito, que quien sabe quién le lava la tunica blanca, qué hace cuando no hay muertos para enterrar y a quién le escribe cartas desde la Sierra. Nosotros nos sentamos, como invitados al entierro. También, de lejecitos. 

El sentido de la misión evangelizadora fue apropiado por los indios de la Sierra Tarahumara. El espacio sagrado lo convirtieron en un lugar privilegiado para celebrar sus fiestas y ceremonias -con un poco de Virgencita, con un poco de Guajolote. Evangelizados en infraestructura, únicamente. Es tan intenso el rebote del tambor, que todo el entierro parece una expresión de resistencia frente a los mestizos -como si todavía existieran. En sus comunidades dispersas mantienen manierismos extrañísimos con los que perpetúan su conciencia de grupo, provocando que al padrecito le den ganas de ponerse un guajolote en la cabeza y quitarse las telarañas de la cara. De ahí, a ver monjes incrustados en piedra en un valle metido en la Sierra. 

8:50pm

Los demás harían la música que rebota -en sus tambores de chivo y pino y sierra y precipicio.